La primera edición de Bar Industria Guayaquil 2026 se realizará entre el 19 y el 21 de mayo en Guayaquil, en el Mall del Sol (Salón Turquesa), y marca un punto que hasta ahora no existía en el país: un espacio concebido desde la propia industria local para reunirse, formarse y proyectarse.
Detrás del proyecto están Kathryn Peñarreta Jadan, Pedro Sánchez, José García y Carlos Romo, cuatro perfiles que no provienen de la organización de eventos como industria paralela, sino de la barra misma. Esa diferencia se nota en el origen del discurso.
No hablan de “crear comunidad” como concepto aspiracional. Hablan de algo más específico: la falta de estructura.
“Muchos hemos sido empíricos. Hemos aprendido trabajando, pero necesitamos espacios que ayuden a profesionalizar.”
La frase aparece temprano en la conversación y ordena todo lo que viene después. No se trata de elevar el nivel por narrativa, sino de generar condiciones reales para que el oficio evolucione.
La influencia de Latinoamérica y la decisión de no replicar modelos
Bar Industria no se construye en aislamiento. Su punto de partida está en la observación de lo que ya ocurre en la región.
Durante años, los organizadores han participado o seguido de cerca eventos como Clase Maestra en Lima, además de otros encuentros en México y Argentina. Todos ellos cumplen un rol similar: concentrar conocimiento, generar networking y proyectar escena.
Pero Ecuador no había logrado consolidar un espacio equivalente.
Pedro Sánchez lo plantea sin rodeos:
el país sí tiene talento, sí tiene propuestas, pero no ha tenido suficientes instancias donde ese trabajo se visibilice de forma articulada.
La decisión entonces no fue replicar un modelo existente, sino construir uno propio, adaptado a su contexto.
Un proyecto independiente, pero con criterio definido
Uno de los puntos más relevantes de la entrevista es la naturaleza del proyecto.
Bar Industria no nace desde una institución, ni desde una marca, ni desde una asociación. Es una iniciativa independiente que, incluso al momento de la entrevista, sigue en proceso de formalización.
Esto condiciona todo el desarrollo. Desde el financiamiento hasta la curaduría, cada decisión pasa por el equipo organizador. No hay una estructura externa que imponga criterios.
Esa libertad tiene un costo. Conseguir apoyo no es automático.
“No todas las marcas ven beneficioso apoyar este tipo de actividades. Es contradictorio, pero es una realidad.”
La frase resume una tensión habitual en la industria: los eventos necesitan a las marcas, pero las marcas no siempre confían en primeras ediciones. La respuesta del equipo ha sido avanzar igual.
El equilibrio entre marcas y educación: una decisión consciente
En la mayoría de los eventos, la presencia de marcas termina condicionando el contenido. Bar Industria intenta invertir esa lógica. Kathryn lo explica de forma directa: el modelo se construye con una proporción clara, donde el componente educativo tiene mayor peso que el comercial.
“El peso debe ser un 70% educacional y 30% guiado a marcas.”
La frase no aparece como una simple declaración de principios, sino como un criterio operativo bien argumentado. Es lo que permite sostener otra decisión clave del evento: el precio. Las entradas se sitúan entre 30 y 40 dólares, incluyendo acceso a charlas, registro, talleres y activaciones.
No es una cifra menor en el contexto local. Tampoco es casual.
“No podemos pedirle a alguien que gana 400 dólares que pague 100 por un evento.”
Aquí aparece uno de los puntos más interesantes del proyecto: el precio no es una estrategia comercial, es una postura. Reducir el costo implica trasladar parte del financiamiento a las marcas, pero sin entregarles el control del contenido. Ese equilibrio es complejo, pero define la identidad del evento.
Curaduría: construir una experiencia y no una suma de charlas
Cuando la conversación entra en el diseño del contenido, aparece un concepto que se repite varias veces por todos los organizadores: engranaje. El line-up no se arma como lista. Se construye como una secuencia.
“El diseño está hecho para que el asistente se siente en la primera ponencia y no quiera pararse en la segunda.”
La frase resume la intención: evitar la fragmentación. Cada charla debe sostener la siguiente. Cada expositor debe aportar una mirada distinta, pero conectada.
El proceso de selección no fue simple. Hubo nombres que quedaron fuera por calendario, especialmente por coincidir con premiaciones en Europa durante mayo.
Aun así, el resultado logra algo relevante: diversidad de enfoques. Entre los invitados destacan perfiles como Felipe Tarazona, cuya propuesta se aleja de la coctelería tradicional para centrarse en salud y funcionalidad; o Manuel Cigarrostegui, cuya experiencia no está solo en la barra, sino en la construcción de eventos que han definido la escena regional.
También aparece Maycoll Tobon, con una línea enfocada en producto, territorio y narrativa latinoamericana. En ese conjunto, la presencia de Javier Caballero como main speaker marca un punto de inflexión. No es un nombre más. Es una señal de escala.
Los organizadores de Bar Industria Ecuador 2026
El valor de lo local: no como cuota, sino como eje
Uno de los riesgos de estos eventos es convertir lo local en un complemento frente a lo internacional. Bar Industria toma otra dirección. Más del 50% de las marcas presentes son ecuatorianas.
No se trata solo de presencia, sino de narrativa. Productos como Agua de Puerco o el desarrollo del Miske aparecen como parte del discurso del evento. Kathryn lo plantea en términos simples: no se puede hablar de industria si no se entiende el propio territorio.
Esto conecta con otra idea que aparece en la entrevista: la industria de la hospitalidad no es fragmentada.
“El bartender se conecta con el chef, el chef con el barista. Todo está encadenado.”
Esa visión amplía el alcance del evento. No es solo coctelería. Es hospitalidad.
Un evento abierto: formación y cultura en el mismo espacio
Bar Industria no está pensado exclusivamente para profesionales avanzados. Al contrario, el acceso está abierto a distintos niveles, incluyendo público general interesado.
Esta decisión tiene dos efectos. Por un lado, amplía la base de asistentes. Por otro, instala una idea que no siempre se trabaja: la cultura del bar también se construye desde quien consume.
El programa incluye no solo ponencias, sino también talleres durante el registro, degustaciones de marcas y takeovers en bares de la ciudad. Este último punto es relevante. Permite que el evento salga del formato congreso y se conecte con la escena real.
Más allá de la técnica: el objetivo es generar pertenencia
Cuando la conversación se acerca al impacto esperado, la respuesta cambia de tono. No se habla de técnicas, ni de tendencias, ni de recetas. Se habla de pertenencia.
Pedro lo resume con claridad:
“Queremos que se sientan identificados. Que entiendan que hay un evento propio, que no tienen que viajar para vivir esto.”
La idea se repite en distintas formas: que el bartender local deje de sentirse aislado, que entienda que hay una industria en construcción, que vea que otros están trabajando en la misma dirección.
Hay también un componente generacional.
“Hace 20 años esto era muy distinto. Hoy hay más oportunidades, más desarrollo.”
El evento se posiciona en ese cambio. No como origen, sino como parte del proceso.
Ecuador en la escena latinoamericana: crecimiento sin visibilidad
Uno de los puntos más claros de la entrevista es el diagnóstico sobre Ecuador. No hay negación de la realidad regional. Países como Perú, Argentina o Colombia tienen mayor visibilidad y desarrollo mediático.
Pero eso no significa ausencia de nivel. Pedro menciona un ejemplo concreto: el reconocimiento internacional de un bar ecuatoriano como mejor menú del mundo. Un hito que, según él, sorprendió incluso dentro del propio país.
“Siempre hubo cosas buenas. Faltaba difusión.”
Un proyecto pensado a largo plazo, pero con foco en ejecutar bien la primera edición
El evento no se plantea como experimento único. Existe una proyección a tres años, con intención de continuidad anual e incluso posibilidad de cambiar de sede dentro del país. Sin embargo, el foco inmediato no está en crecer rápido.
“Queremos hacerlo bien.”
La frase se repite más de una vez y define el ritmo del proyecto. No hay urgencia por escalar. Hay intención de construir base.
Un punto de partida dentro de un proceso mayor
Bar Industria no intenta posicionarse como el evento más grande de la región. Tampoco como el más influyente. Su lugar es otro. Es el primer intento organizado de reunir, ordenar y proyectar una industria que ya existe, pero que no había tenido una instancia propia de esta escala en Ecuador.
En una escena latinoamericana donde el crecimiento ha sido desigual entre países, este tipo de iniciativas funcionan como señales. No garantizan resultados, pero establecen dirección.
Y en este caso, la dirección es clara: pasar de una suma de barras a una industria consciente de sí misma.