Esto de las cervezas funcionales sin duda que da para mucho tema de conversación. La cerveza sin alcohol comienza a competir en un terreno que va más allá de reproducir el sabor de una lager, una stout o una IPA tradicional. Una parte, aún minúscula e internacional, de la industria está incorporando fibra, proteínas, vitaminas, minerales y otros ingredientes para ofrecer una función nutricional adicional.
All Good IPA, elaborada por la cervecería escocesa Brulo, representa uno de los ejemplos más recientes. La marca la presenta como “la primera cerveza alta en fibra del mundo”: una West Coast IPA de 0,5% de alcohol que aporta 5 gramos de fibra soluble por cada lata de 330 mililitros.
¿Qué es exactamente All Good IPA?
All Good IPA es una cerveza de estilo West Coast IPA elaborada con maltas Pilsner y Pale Ale, trigo laminado y lúpulos Simcoe, Citra y Mosaic. Brulo describe un perfil seco y lupulado, con notas de mango maduro, durazno y pino resinoso.
De acuerdo con la ficha oficial de All Good IPA, cada lata contiene:
- 330 mililitros.
- 0,5% de alcohol.
- 56 kilocalorías.
- 5 gramos de fibra soluble.
- Agua, cebada malteada, trigo, fibra soluble, levadura y lúpulo.
Estos datos proceden directamente del fabricante. La página no publica, por el momento, un certificado de análisis independiente que permita verificar la concentración final de fibra ni su estabilidad durante toda la vida útil.
La marca la promociona como una cerveza sin alcohol, aunque la denominación legal no es idéntica en todos los mercados. En Reino Unido, por ejemplo, una bebida de 0,5% suele utilizar el descriptor de-alcoholised, mientras que en varios países europeos puede comercializarse dentro del segmento alcohol-free.
¿Qué tipo de fibra contiene?
Aquí aparece una de las primeras limitaciones de la información disponible.
Brulo declara únicamente “fibra soluble”. No identifica en su ficha pública la materia prima, su nombre químico, el fabricante ni el ingrediente comercial utilizado.
La comunicación del lanzamiento relaciona el producto con una investigación de 2026 sobre fibra soluble de maíz, pero esa asociación no permite confirmar que el ingrediente estudiado y el incorporado a la cerveza sean exactamente el mismo. The Drinks Business señala que Brulo utiliza una “fibra soluble clínicamente investigada”, sin entregar su identidad comercial.
¿Es realmente alta en fibra?
La afirmación “alta en fibra” también tiene una base regulatoria. La normativa europea permite utilizarla cuando un alimento contiene al menos 6 gramos de fibra por cada 100 gramos o, alternativamente, 3 gramos por cada 100 kilocalorías.
All Good IPA contiene 5 gramos en 56 kilocalorías. Esto equivale aproximadamente a 8,9 gramos por cada 100 kilocalorías, por lo que supera el segundo criterio. Es decir, puede ser “alta en fibra” debido a su densidad nutricional, aunque la lata no alcance los 6 gramos.
Eso convierte a la cerveza en una fuente visible de fibra, aunque no significa que pueda sustituir el aporte de legumbres, frutas, verduras, cereales integrales y frutos secos.
Cerveza sin alcohol y bebida funcional no son sinónimos
Una cerveza sin alcohol se define principalmente por su graduación y por su intención de reproducir una experiencia cervecera. Una bebida funcional incorpora o destaca ingredientes asociados a una función adicional, como fibra, proteínas, vitaminas, minerales, electrolitos, adaptógenos o nootrópicos.
Otras cervezas funcionales disponibles o en desarrollo
Función propuesta | Producto o investigación | Aporte declarado | Precaución editorial |
Fibra | 5 g de fibra soluble | No está demostrada una mejora cognitiva con una lata | |
Proteína | 10 g de proteína | La función depende también de la calidad proteica y la dieta total | |
Electrolitos | Sodio, potasio y magnesio | La utilidad deportiva depende de cantidades y pérdida de sudor | |
Vitaminas | Vitamina D | Contener una vitamina no garantiza corregir una deficiencia |
Una mirada crítica desde la cultura cervecera
La aparición de estos productos no sorprende a Víctor Jiménez Ayres (@vitobeersom), Biersommelier Doemens, Certified Cicerone® y juez BJCP de cervezas, sidras e hidromieles.
Consultado por Revista Clásica sobre el crecimiento de las llamadas cervezas funcionales enriquecidas con fibra, proteínas u otros componentes, Jiménez reconoce que existe un público interesado, pero considera necesario separar la tendencia comercial de la función comprobable del producto:
“Creo que todo lo funcional está muy de moda: existe un discurso fuerte y también hay un público para eso. Ahora, que el producto sea disfrutable y que cumpla ese rol nutricional o funcional que dice tener es algo que debe mirarse con lupa y con una visión crítica. No basta con decir que contiene determinado componente; hay que preguntarse cuál es su disponibilidad, cuánto llega efectivamente al consumidor y si realmente posee la cantidad de gramos anunciada. Ahí está la responsabilidad de decir que tú vendes algo que en realidad haga bien”.
La observación que realiza Víctor introduce dos exigencias diferentes. La primera pertenece al terreno cervecero: el producto debe ser agradable, equilibrado y suficientemente convincente para que el consumidor quiera volver a beberlo. La segunda pertenece al ámbito nutricional y tecnológico: la presencia de un ingrediente en la receta no demuestra, por sí sola, que llegue al producto final en una dosis relevante, que pueda ser aprovechado por el organismo o que produzca el beneficio sugerido por la marca.
Innovar para mantener vigente la cerveza
Desde una perspectiva más vinculada con la evolución comercial del sector, Abel Merino, brewer con más de 7 años de experiencia y cuyas recetas, según información entregada a Revista Clásica, han ganado más de 48 medallas a nivel nacional e internacional, considera que los productos funcionales pueden ayudar a las cervecerías a responder ante los cambios en los hábitos de consumo. Aunque mantiene un perfil público discreto, participa activamente en el entorno cervecero y comparte contenidos e intervenciones relacionadas con la elaboración de cerveza desde su cuenta de Instagram @aabelitroo.
Sobre el desarrollo de cervezas con fibra, probióticos, proteínas u otros ingredientes funcionales, Merino señaló textualmente:
“Yo como brewer considero que es para donde va aumentando el mercado. El tema de hacer cervezas con bajo contenido alcohólico, sin alcohol, con ingredientes funcionales que sean un valor agregado al producto. Que sea atractivo para atraer a las nuevas generaciones de consumidores que actualmente no están consumiendo tanta cerveza como años atrás.
Por ejemplo, cervezas con probióticos, con fibra. Hay cervezas que tienen contenido de extractos de hongos, melena de león, todo esto son valores agregados que se le pueden dar a la cerveza para potenciar el consumo en nuevas generaciones y también para mantener al público objetivo actual que sustenta la cerveza que son personas en su mayoría sobre 30 años.
Viendo cómo se va manejando el mercado considero que las bebidas funcionales son súper importantes. Todos deberían mirar con buenos ojos e intentar replicarlo. Y adaptarse a las nuevas tendencias. El mercado de la cerveza tradicional todavía tiene un nicho, pero ya no es tan rentable como hace 5 o 6 años atrás. Y todas las cervecerías deberían apuntar a innovar con productos nuevos y darle un valor agregado al producto para mantenerse vigente en el rubro.
Yo, desde mi punto de visto veo con muy buenos ojos agregar productos funcionales a las cervezas. A mí, en un futuro me gustaría hacer cerveza con hongos, con melena de león”.
La opinión de Abel debe leerse como una interpretación profesional del comportamiento del mercado, no como una afirmación científica sobre los beneficios de estos ingredientes. Su planteamiento se concentra en la innovación, la vigencia comercial y la posibilidad de ampliar el público de la cerveza. Las propiedades nutricionales o fisiológicas de cada producto, en cambio, deben comprobarse de manera independiente.
¿Podrían consolidarse las cervezas funcionales en Chile y Latinoamérica?
El crecimiento de las bebidas sin alcohol crea un entorno favorable. IWSR estimó que el volumen mundial de alternativas sin alcohol habría crecido 9% durante 2025 y proyectó una expansión de 36% entre 2024 y 2029.
Brasil entrega una señal regional relevante. Entre 2022 y 2024 incorporó alrededor de 13 millones de nuevos consumidores de bebidas sin alcohol. IWSR también ha registrado lanzamientos de cervecerías artesanales brasileñas, incluyendo propuestas presentadas como isotónicas.
En Chile, el artículo 478 del Reglamento Sanitario de los Alimentos define como analcohólicas las bebidas que no contienen más de 0,5% de alcohol etílico en volumen. Por graduación, un producto como All Good IPA podría encajar dentro de esa definición, aunque su clasificación, importación y rotulación tendrían que ser revisadas por la autoridad sanitaria.
La regulación chilena también establece que, cuando se realice una declaración sobre fibra, el etiquetado debe indicar la cantidad de fibra dietética total, soluble, insoluble y de las fibras específicamente involucradas en el mensaje. Por ello, no bastaría con traducir la etiqueta europea y comercializar el producto sin adaptación local.
¿Qué oportunidades existen para las cervecerías artesanales?
Las cervezas funcionales pueden ofrecer diferenciación en un mercado saturado de estilos, pero exigen capacidades que no todas las plantas poseen.
Una cervecería tendría que invertir en formulación, análisis nutricional, controles microbiológicos, estudios de estabilidad y asesoría regulatoria. También debería evitar que la función añadida perjudique el sabor, porque el consumidor puede probar una cerveza por curiosidad, pero la recompra dependerá principalmente de la experiencia sensorial.
Para una cervecería artesanal chilena, el camino más razonable no sería acumular ingredientes de moda. Sería identificar una función concreta, utilizar una dosis medible y trabajar junto a especialistas en tecnología de alimentos, nutrición y regulación.
¿Moda pasajera o inicio de una nueva categoría?
Las cervezas funcionales todavía representan una fracción pequeña de la industria y reúnen propuestas muy diferentes entre sí. Algunas contienen nutrientes medibles, como fibra, proteínas, vitaminas o electrolitos. Otras se apoyan en ingredientes asociados al bienestar cuyos efectos no siempre han sido evaluados en el producto terminado.
All Good IPA demuestra que es técnicamente posible incorporar una cantidad nutricionalmente relevante de fibra a una cerveza de baja graduación. No demuestra, en cambio, que una lata produzca beneficios cognitivos, digestivos o metabólicos específicos.
La consolidación de esta tendencia dependerá de que las cervecerías sean capaces de combinar tres elementos, según aprendimos de nuestros expertos Víctor Jiménez y Abel Merino: una experiencia sensorial convincente, un ingrediente presente en una dosis verificable y una comunicación que no prometa más de lo que permite afirmar la evidencia.
Más que reemplazar a la cerveza tradicional, estos productos podrían abrir una subcategoría dentro del mercado sin alcohol. Su permanencia no estará determinada únicamente por la novedad, sino por la capacidad de ofrecer un valor añadido real y, al mismo tiempo, seguir siendo una cerveza que las personas quieran beber.
¿Crees que las cervezas funcionales pueden encontrar un espacio en Chile? Cuéntanos qué ingrediente tendría sentido incorporar y qué información exigirías antes de comprar una.