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Cito Café: de la moto azul a nueva cafetería en Concepción

por Constanza Santander Montorfano
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Cito Café: de una moto azul a un nuevo espacio para el café en Concepción.

Durante el 2024, por San Pedro de la Paz y Concepción apareció una moto azul de tres ruedas llevando consigo una nueva propuesta: vender café de especialidad priorizando la cercanía y la conversación, entregando una experiencia amigable para que el producto pudiera ser disfrutado de la mejor manera. Así parte Cito Café (@citocafe.cl), impulsado por Isabel San Martín y Leonardo Pino, quienes próximamente llevarán su proyecto a otro nivel con la apertura de un local físico.

La nueva etapa no aparece como un cambio aislado, sino como la consecuencia natural de una historia que comenzó en movimiento. Antes de tener dirección fija, Cito Café aprendió a relacionarse con la ciudad desde la calle, desde el saludo repetido, desde los clientes que volvían y desde una forma de servicio donde la bebida era importante, pero no era lo único. En ese sentido, el local no busca reemplazar a la moto, sino darle estabilidad a una idea que ya había encontrado comunidad.

Cito Café
Fotografía cedida por el equipo de Cito Café

Los inicios del café sobre ruedas

Leonardo Pino es diseñador industrial e Isabel San Martín es arquitecta. Si bien ninguno ejerce la profesión como tal, ambos utilizaron los conocimientos adquiridos para impulsar este proyecto. No comenzaron pensando únicamente en “qué trabajar”, sino intentando contestar una pregunta más amplia: “¿Cómo queremos trabajar?”.

Antes de comenzar con Cito Café, Leonardo realizó diferentes trabajos que le permitieron descubrir qué buscaba en el mundo laboral. Sin embargo, algo no le permitía estar conforme. En cada experiencia aparecía una inquietud vinculada a la forma de trabajar, a los valores que estaba dispuesto a sostener y a los límites que no quería cruzar para crecer. Durante la pandemia, junto a Isabel, su pareja, coincidieron en la idea de emprender en el rubro del café.

El concepto parecía tan bueno que, en un cálculo inicial, pensaron que vender 50 cafés diarios a tres mil pesos podía generar ingresos suficientes para vivir. Con el tiempo entendieron que el rubro era más complejo: los costos, el equipamiento, la operación diaria y la informalidad del trabajo en cafetería exigían mucho más que una buena idea. Aun así, decidieron embarcarse en el plan y zarpar al mundo del barismo.

Hicieron contactos, trabajaron en cafeterías y se acercaron al oficio desde la práctica. En una de esas experiencias laborales comenzaron a reconocer con mayor claridad qué podía aportar cada uno.

“Nos dimos cuenta que es increíble vender y conservar las relaciones humanas, pero desde la calidez, no desde la intención de vender”, recuerda Leonardo.

Leonardo consideraba que Isabel no solo atendía bien, sino que hacía que las personas quisieran volver. Al entender que él tenía las habilidades administrativas y ella las habilidades sociales, hacer su propio emprendimiento cada vez sonaba mejor

Fotografía cedida por el equipo de Cito Café

El origen de la habilidad para hacer café

Una de las peculiaridades de ambos, es que no aprendieron en un comienzo mediante certificaciones o cursos de barismo, sino de la mera experiencia que ellos mismos decidieron recoger en el camino:

“Aprendimos solo en la práctica. Lo empezamos a estudiar a medida que avanzamos porque no existen cursos certificados de café”, comenta Leonardo

Con el tiempo, de todas formas, se abrieron a la idea de formarse y entender el lugar que ocupan las certificaciones dentro del rubro.

“Las certificaciones que hay están por la SCA (Specialty Coffee Association), pero te certifica como para ser barista como un operador de máquina, barista con conocimientos básicos, pero no hay un curso de café que le enseñe todo lo que necesitas saber. En Colombia sí”, asegura.

Más que negar la importancia de estudiar, la reflexión de Leonardo apunta a una tensión frecuente en los oficios gastronómicos: la formación existe, pero no siempre garantiza estabilidad laboral ni mejores condiciones. Para él, la experiencia sigue teniendo un peso determinante, especialmente en un rubro donde muchas personas aprenden trabajando, observando, equivocándose y corrigiendo en servicio real.

Un espacio para conversar

La idea de Cito Café era poder establecer un tercer espacio, un lugar para que las personas puedan detenerse, conversar y disfrutar. Que no fuera la casa ni el trabajo, “queríamos crear un tercer espacio en un espacio público que fuera llamativo, que fuera acogedor y para eso necesitamos que todas sus caras fueran entretenidas y que tuvieran algo que hacer”, sostuvo Pino.

Ese tercer espacio, sin embargo, no partió dentro de cuatro paredes. Partió en una moto. Para Leonardo e Isabel, el carro móvil no fue solamente una solución económica o una forma de comenzar con menos infraestructura; fue también una manera de probar cómo podía funcionar una cafetería abierta hacia la ciudad. La moto estaba diseñada para mostrar el proceso, para que la preparación se viera y para que la compra no fuera un trámite silencioso.

Todo lo que es de función está escondido y todo lo que es de preparación está expuesto. Es un escenario de la preparación y es un escenario para conversar”, explica Leonardo. En ese diseño, la caja no era solo un punto de pago: también preguntaba, guiaba y acompañaba el proceso de elección. El barista escuchaba, preparaba y hablaba de la bebida. La experiencia se construía a la vista.

Pero además, poder establecer el diálogo a partir de la bebida. En Cito Café buscan que las personas prueben las preparaciones antes de juzgarlas. La intención es que el cliente pueda entender los sabores desde la experiencia y no desde expectativas preconcebidas. De esa manera, el café se transforma en una instancia de conversar más que en una simple compra.

Fotografía cedida por el equipo de Cito Café

La identidad en sus cafés

El café que utilizan es tostado por ellos mismos y crean sus propios syrups ofreciendo sabores cotidianos y manteniendo el equilibrio en cada preparación.

“Naturalmente probamos más café, pero usamos café especialidad tostado por nosotros. Nosotros nos aseguramos de que no haya tanto amargor, que es lo que más la gente tiende a evitar”, comentó Leonardo.

La búsqueda no es esconder el café, sino hacerlo más cercano. Para ellos, el café debe seguir sabiendo a café, pero no necesariamente desde el amargor que muchas personas asocian con una mala experiencia. “¿Cómo hacemos que el café sepa a café y no amargo? ¿Y cómo introducimos lentamente a la gente a habituarse al café? Porque es un hábito, no es de 0 a 100”, plantea.

Además, la idea de Cito Café nunca partió de imponer conocimientos técnicos, sino de guiar a quienes llegan por primera vez. Para ellos, muchas personas vuelven no solamente por la bebida, sino por la honestidad y el trato que reciben.

“La gente no le interesa escuchar discursos a menos que entienda el valor de la preparación que está tomando, y ese discurso está solo si lo quieres escuchar”, explica.

Hospitalidad con sinceridad

La relación con el cliente ha sido uno de los aprendizajes más fuertes del proyecto. Leonardo reconoce que gran parte de esa mirada la aprendió observando a Isabel. Para ellos, atender bien no significa aceptar todo ni repetir la frase de que “el cliente siempre tiene la razón”. De hecho, Cito Café trabaja desde una idea distinta: el cliente merece atención, respeto y claridad, pero la propuesta también tiene límites.

“La hospitalidad para nosotros ha sido ser un poco más tajante y un poco más directo. Me gusta limpiar la palabra hospitalidad con sinceridad”, dice Leonardo.

Esa sinceridad puede estar en explicar una preparación, advertir cuánto tiempo de espera hay o decirle a una persona que quizás lo que está pidiendo no es lo que realmente busca.

En una cafetería pequeña, donde gran parte del negocio depende de clientes frecuentes, esa honestidad se vuelve una forma de cuidado. No se trata solo de vender una taza, sino de proteger una relación.

“El producto es el medio para tener esta interacción. Sin esta interacción no se vende el producto. El producto es una consecuencia de la interacción”, afirma.
Fotografía cedida por el equipo de Cito Café

El paso al local físico

Después de dos años trabajando en la moto, Leonardo e Isabel decidieron abrir un local físico. La decisión responde principalmente a la necesidad de darle mayor estabilidad al proyecto y mejores condiciones a quienes trabajan en Cito Café.

“No estoy dispuesto a mojarme más los pies. Llevo 2 años haciendo esto, pero si quiero contratar a alguien no puedo tener los pies en el barro, no puedo estar pasando frío, Quiero esas comodidades para mí y para la gente que trabaje conmigo”, aclaró Leonardo.

El nuevo espacio busca mantener la esencia que construyeron en la calle: la conversación, la transparencia y el uso del espacio público como lugar de encuentro. Aunque ahora tendrán un lugar fijo, la idea es seguir funcionando de manera abierta hacia el exterior.

El principal desafío ha sido trasladar las características de la moto al nuevo local. Según Leonardo, gran parte de la experiencia estaba relacionada con habitar la calle y generar comunidad desde ahí:

“Aquí lo vamos a intencionar igual, la conversación, instancias en la calle. Porque igual falta caleta en Chile, sobre todo, (en el) uso de espacio público. Los espacios públicos no son espacios seguros si es que no hay gente”.

Un nuevo espacio para seguir jugando

Cito Café abrirá su local físico durante mayo, en una etapa que contempla marcha blanca e inauguración posterior. La apertura marca un punto importante para el proyecto, pero no lo aleja de su origen.

“Para nosotros es como crear un espacio más estable en lo que ya creamos. Nosotros aquí queremos hacer exactamente lo mismo y sumar algunas cosas que tenemos ganas de hacer”, explica Leonardo.

La nueva etapa marcará un antes y un después para Isabel San Martín y Leonardo Pino, pero también para quienes encontraron en Cito Café algo más que cafeína. Desde la calle al local físico, el proyecto mantiene la idea que lo impulsó desde el comienzo: convertir una taza de café en un espacio de encuentro cotidiano.

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