El White Lady es un cóctel corto de gin que se sostiene sobre una idea simple: cítrico fresco, licor de naranja y un destilado con carácter como el Gin. En apariencia es una receta mínima; en ejecución, es un examen de equilibrio. Un limón pasado u oxidado, un triple sec demasiado dulce o un agitado tibio bastan para moverlo fuera de su centro. La coctelería clásica, si bien no tenía ingredientes con miles de técnicas, sí requería una técnica muy bien empleada.
En Revista Clásica lo tratamos como lo que es: un clásico de barra, directo y elegante, cuya precisión se nota en el primer sorbo. Para fijar una base estandarizable, tomamos como referencia la receta publicada por la International Bartenders Association (IBA), y desde ahí explicamos las decisiones que realmente cambian el resultado: elección de gin, estado del cítrico, criterio con el licor de naranja y la pregunta inevitable que rodea a este cóctel: ¿lleva o no lleva clara de huevo?
¿Qué es el cóctel White Lady?
El White Lady es un cóctel de copa, servido bien frío, preparado en coctelera y agitado con hielo. Su estructura lo emparenta con la lógica Daisy: el dulzor no lo aporta un jarabe, sino un licor de naranja, que endulza y perfuma a la vez. (leer triple sec)
En términos sensoriales, un White Lady bien hecho es nítido: cítrico presente pero integrado, gin reconocible, final seco-ligero y un aroma de naranja que no se vuelve perfume.
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White Lady: receta clásica (referencia IBA)
Ingredientes
40 ml Gin
30 ml Triple sec
20 ml jugo de limón fresco
Método
Enfriar la copa (cocktail o coupé).
Verter todos los ingredientes en la coctelera.
Añadir hielo sólido y agitar bien.
Colar a la copa fría.
Por qué se llama White Lady
El nombre White Lady se entiende, ante todo, por su apariencia pálida: cítrico + licor claro + gin dan un color claro y opalescente, especialmente cuando el cóctel sale bien frío y con la dilución correcta.
Además, parte de la discusión histórica sobre el cóctel incluye versiones tempranas vinculadas a ingredientes “blancos”, como la crème de menthe (menta blanca) en formulaciones antiguas asociadas al nombre. No es un punto para dogmatizar, pero sí una pista razonable de por qué el nombre “White Lady” se sostuvo en el tiempo.
Origen del White Lady.
El origen del White Lady se mueve en un terreno común a muchos clásicos: hay atribuciones y evolución. Con frecuencia se menciona a Harry MacElhone en relación con el nombre y sus primeras versiones, y también aparece la figura de Harry Craddock (Savoy) en el marco de la difusión de la receta en la cultura de bar de entreguerras. Lo importante para el bartender no es elegir una “única cuna”, sino entender que el White Lady se consolidó en el primer tercio del siglo XX como un cóctel de gin con cítrico y licor de naranja, y que desde entonces su forma se estabilizó.
La clave del White Lady está en los ingredientes
Gin (London Dry)
El gin es el eje estructural. Para un White Lady clásico, un estilo seco y con botánicos claros (en lugar de un gin excesivamente perfumado) suele funcionar mejor, porque deja que el cítrico y la naranja se integren sin competir.
No se trata de “el gin correcto”, sino de un criterio:
Si el gin es muy floral, el resultado puede sentirse perfumado.
Si el gin es demasiado agresivo, el limón se vuelve punzante y el final endurece.
Triple sec
“Triple sec” es un paraguas. Hay licores más secos y otros más dulces. En un cóctel corto, esa diferencia se amplifica.
Una guía útil:
Triple sec más dulce: el cóctel se redondea; conviene vigilar que no se vuelva pesado.
Triple sec más seco: el cóctel queda más tenso; conviene cuidar que no quede filoso.
Jugo de limón fresco
El limón es estructura. Un jugo pasado/oxidado pierde aroma y deja una acidez plana. Eso “apaga” el White Lady incluso si el resto está bien medido.
Si tu objetivo es consistencia:
exprime al momento o en ventanas cortas,
evita jugos guardados sin control,
prueba el cítrico: si no huele vivo, el cóctel lo va a delatar.
Clara de huevo en el White Lady.
Este es uno de los puntos donde conviene ser claros sin convertirlo en pelea de “verdadero/falso”.
La IBA no incluye clara de huevo en su receta.
Fuentes de referencia señalan que las recetas tempranas del White Lady (incluyendo libros clásicos de coctelería) no mencionan clara, y que la aparición de la clara en versiones publicadas es posterior. Difford’s, por ejemplo, documenta que la clara aparece más tarde en prensa (1936) y luego en libros especializados (mediados de los 40).
¿Qué significa esto en práctica?
La clara no es necesaria para que el White Lady sea “White Lady”.
La clara es una variación de textura que algunos bares adoptaron para dar más cuerpo y una espuma más estable, acercándolo a un registro más sedoso.
Cuándo tiene sentido usar clara
Si buscas una textura más cremosa y una nariz más suave.
Si trabajas con un gin particularmente punzante o un cítrico muy agresivo.
El White Lady es un clásico de gin que vive en los detalles: cítrico fresco, licor de naranja bien elegido y un agitado correcto. La clara de huevo pertenece a la historia del cóctel como una variación de textura; hoy puede usarse con criterio, pero no es un requisito para entender ni ejecutar la receta clásica. Si lo trabajas nítido, frío y equilibrado, el White Lady se explica solo.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es la receta clásica del White Lady según IBA?
La IBA indica 40 ml gin, 30 ml triple sec y 20 ml jugo de limón fresco, agitado y colado a copa fría.
¿El White Lady lleva clara de huevo?
Puede llevar, pero es opcional. La receta IBA no la incluye, y fuentes como Difford’s señalan que la clara aparece más tarde en la historia publicada del cóctel.
¿Por qué se llama White Lady?
Principalmente por su apariencia clara. Además, existen referencias a formulaciones tempranas asociadas al nombre donde aparece crème de menthe “blanca”, lo que ayuda a entender por qué el término se sostuvo.