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Latitud Sur cumple 17 años en Concepción: historia, cerveza y barrio

por Jaime Sanhueza Sanhueza
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Hay bares que se vuelven costumbre. Otros, directamente, se vuelven ciudad. Latitud Sur cumple 17 años en Concepción y, al escuchar a Diego —uno de sus dueños— se entiende por qué el aniversario no es solo una cifra: es la historia de un lugar que nació para hacer cerveza, pero que terminó construyendo algo más difícil de fabricar: comunidad. Y que un bar celebre 17 años en la realidad que enfrentamos hoy, es un gran logro.

Latitud Sur está frente al Parque Ecuador, en una esquina donde la ciudad respira distinto. Y si hoy se habla de “cultura cervecera” con naturalidad, conviene recordar que hubo un tiempo en que la cerveza artesanal aún parecía “rara” o “para entendidos”. En ese Chile, abrir un brewpub no era una moda: era una apuesta.

“Abrir una casa donde la cerveza no fuera solo un producto, sino una experiencia y una conversación.” —Diego, Latitud Sur

Una inquietud personal que se volvió casa cervecera

Latitud Sur nació desde una necesidad concreta: Diego quería hacer cerveza propia, pero también necesitaba el lugar correcto para que la gente la probara, la entendiera y devolviera feedback real. El concepto era simple, de escuela brewpub: producir, servir, conversar, ajustar. Aprender con el público, en vivo.

Partieron como microcervecería dentro del bar, sin venir del rubro gastronómico ni de una cervecería “a escala profesional”. Sonaba temerario. Pero, mirando hacia atrás, esa falta de manual se transformó en virtud: obligó a construir oficio desde temprano, lote a lote, con paciencia.

Con los años, la operación productiva se movió fuera del local para crecer, pero Latitud Sur se mantuvo como el “kilómetro cero”: el lugar donde Concepción aprendió a tomar cerveza artesanal, a probar estilos distintos, a formar criterio. Hoy, esa identidad tiene nombre propio: Indomable, su cerveza de la casa. Y también tiene forma: una casa cervecera y un refugio urbano frente al parque.

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Latitud Sur
Fotografía cedida por el bar

17 años en 3 hitos: del oficio a la comunidad y la curaduría

Si estos 17 años tuvieran que resumirse en momentos “antes y después”, Diego no duda: hay tres hitos que explican el camino.

1) El despegue

El primer año fue caótico, pero dejó un legado que aún se siente: criterio. Aprender a dominar un restaurante y mejorar la cerveza sin referencias claras instaló una idea que hoy parece obvia, pero no lo era: la consistencia no es suerte, es método. Y también posicionó un tipo de lugar que en Concepción no era tan común: un bar cervecero, con terraza, mirando al Parque Ecuador, un espacio donde dan ganas de quedarse.

2) El terremoto: cuando Latitud Sur entendió lo que realmente vende

Reabrir rápido, con horarios acotados y restricciones, terminó teniendo un efecto inesperado: para muchos, Latitud Sur fue una vuelta pequeña a la normalidad. Un lugar para respirar, encontrarse, recuperar ánimo.

“Ahí entendimos algo clave: no vendemos solo cerveza o comida; vendemos comunidad.”

Cuando un bar entiende eso —y lo sostiene en el tiempo— deja de ser solo un negocio. Empieza a formar parte del tejido de la ciudad.

3) Pandemia y postpandemia: menos cosas, mejor hechas

La pandemia cambió hábitos y elevó la exigencia: hoy el cliente sale menos, compara más y espera más valor por cada salida. En Latitud Sur, eso obligó a ordenar y afinar. El aprendizaje, dice Diego, es claro:

“Para seguir vigentes, no hay que hacer más cosas; hay que hacer mejor las cosas correctas.”

Y esa, justamente, es la etapa que viene.

“El refugio cervecero de Concepción”: una frase que lo explica todo

Latitud Sur se describe sin grandilocuencia, pero con precisión:

“Somos el refugio cervecero de Concepción: 17 años afinando el arte de la buena mesa, la pausa sin prisa y una de las pizarras de cerveza más diversas de la región, frente al Parque Ecuador.”

Esa frase tiene algo importante: no promete fuegos artificiales. Promete lo que sostiene a un clásico bien hecho: comodidad, buen servicio, buena carta y una atmósfera coherente. Que la velocidad de la ciudad se detenga un rato. Que llegues, comas y tomes bien, sin esfuerzo.

Latitud Sur
Fotografía cedida por el bar

La propuesta cervecera: 19 líneas y una palabra clave, curaduría

Si hay un concepto que define la propuesta cervecera de Latitud Sur hoy, es curaduría. Trabajan con 19 líneas abiertas y la variedad, para ellos, tiene que ser real: estilos distintos, perfiles distintos, una pizarra que se recorre con ganas y no una repetición de lo mismo.

Indomable es la base y el símbolo. Sobre esa columna vertebral conviven estilos “ancla” con rotaciones que mantienen la barra viva. Diego nombra algunas cervezas como si contara capítulos de una misma historia: hay claras y tomables como Rey de la Araucanía y la Hoppy Summer Ale; una línea intensa como Chiflón del Diablo, guiño a la identidad minera y al lado indómito del sur; oscuras como Chorero Porter; y también una pieza que muchos recuerdan como “primera vez”: Mocha Dick, barleywine icónica de 10°, capaz de cambiarle el mapa mental a quien solo conocía lagers livianas.

Sumen estacionales, frutales como Calafate, lupuladas cuando corresponde, ediciones en prueba y cervecerías amigas: Latitud Sur busca ser vitrina de lo bueno que se hace en la escena local y regional, con una regla intransable: 100% artesanal; no trabajan con cerveza industrial.

Y si alguien quiere entenderlo de verdad, Diego lo deja en una escena simple:

“Que se siente en la terraza, pida una pizza y pruebe una pinta bien elegida. Ese es el kilómetro cero.”

El público cambió, la ciudad cambió (y el oficio también)

En 17 años cambió todo: el ecosistema gastronómico de Concepción, el acceso a estilos, la educación del paladar. Latitud Sur siempre trabajó con un público adulto joven —30 a 40—, pero ese público hoy sale distinto: menos frecuencia, más selectividad y más exigencia.

Antes había que explicar qué era una cerveza artesanal. Hoy muchas personas llegan con ideas previas, saben lo que les gusta, están más abiertas a probar y entienden que hay estilos. El paladar local, cuenta Diego, todavía tiende a perfiles maltosos, dulces o frutales; las lupuladas intensas siguen siendo nicho. Pero el punto es otro: hoy hay criterio.

Y Latitud Sur también evolucionó donde más se nota: en la cocina. La pizza —dice— es el mejor ejemplo: pasó a ser una propuesta de autor, con técnica y masa trabajada, compitiendo con especialistas.

Después de la pandemia, además, se consolidó una búsqueda transversal: lugares tranquilos, donde el ambiente acompañe y el gasto se sienta justificado. Para Latitud Sur, eso se traduce en una obligación diaria: ser más consistentes, más finos, más aterrizados en la ejecución.

Lo que se cuida hacia adelante: esencia, experiencia y evolución con carácter

Hay algo que Diego repite de distintas formas: la esencia no se negocia. Latitud Sur quiere seguir siendo un refugio urbano para la interacción social. Un lugar para juntarse, conversar, comer y tomar bien, sin apuro.

Y esa experiencia se construye como un todo: sabor, olor, limpieza, identidad visual, sonido, confort. Cuando todo está calibrado, el bar “funciona solo”: se vuelve un lugar al que dan ganas de volver.

¿Y qué entusiasma mejorar? Lo mismo, pero más afinado: perfeccionar la pizza, empujar coctelería creativa bien hecha, renovar cervezas y ajustar detalles de atmósfera para mantenerse vigentes sin perder identidad. No cambiar por cambiar: evolucionar manteniendo el carácter.

Latitud Sur
Imagen cedida por el bar

Mitos, malentendidos y una verdad familiar

En 17 años, también se acumulan mitos. Uno clásico: que Latitud Sur es “solo para cerveceros”. Sí, nacieron cerveceros, pero siempre fue un lugar para juntarse: cerveza, destilados, coctelería, buena comida y conversación.

Otro mito: “son caros”. Diego lo explica sin defensiva: cuidan el estándar —insumos, tragos, cocina— y buscan que el precio se sienta justo por una experiencia que vale la pena. Más que “caros”, son exigentes con el valor.

Y hay dos que les sacan una sonrisa: para algunos son “el baño oficial” de los eventos del Parque Ecuador; y para otros, son una cadena o franquicia, porque todo funciona ordenado. La realidad es otra:

“Somos un negocio familiar, con 17 años de oficio, construido a pulso.”

La fecha: cuándo comenzó todo.

La casa se tomó en arriendo en diciembre de 2007 y pasó cerca de un año completo en remodelación. La inauguración fue a fines de enero, y la fecha que recuerdan como hito es el 28 de enero de 2009, muy cerca del cumpleaños de la madre de Diego. Primero obtuvieron patente comercial para operar con comida sin alcohol; aproximadamente una semana después llegó la patente de alcohol. Por eso, el aniversario vive en esa ventana de fines de enero: cuando el local comenzó, realmente, a recibir a la gente.

Latitud Sur: dirección y horarios

Dirección: Víctor Lamas 401, Concepción (frente al Parque Ecuador). Esquina Lincoyán.
Horario: Abierto todos los días

  • Lun–Jue: 13:00–00:00

  • Vie–Sáb: 13:00–02:00

  • Dom: 13:00–22:00

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